La cigarra y la hormiga

Cigarra

Fábula de Félix María Samaniego

Cantando la Cigarra pasó el verano entero,
sin hacer provisiones allá para el invierno;
los fríos la obligaron a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo de su estrecho aposento.
Viose desproveída del preciso sustento:
sin mosca, sin gusano, sin trigo y sin centeno.

Habitaba la Hormiga allí tabique en medio,

y con mil expresiones de atención y respeto

le dijo: «Doña Hormiga, pues que en vuestro granero

sobran las provisiones para vuestro alimento,

prestad alguna cosa con que viva este invierno

esta triste Cigarra, que, alegre en otro tiempo,

nunca conoció el daño, nunca supo temerlo.

No dudéis en prestarme, que fielmente prometo

pagaros con ganancias, por el nombre que tengo».

La codiciosa Hormiga respondió con denuedo,

ocultando a la espalda las llaves del granero:

«¡Yo prestar lo que gano con un trabajo inmenso!

Dime, pues, holgazana, ¿qué has hecho en el buen tiempo?»

«Yo, dijo la Cigarra, a todo pasajero

cantaba alegremente, sin cesar ni un momento».

«¡Hola! ¿con que cantabas cuando yo andaba al remo?

Pues ahora, que yo como, baila, pese a tu cuerpo».

Félix María Samaniego

Poeta y escritor español, nació en 1745, es conocido especialmente por

sus fábulas para niños escritas en verso. Ellas son de carácter

didáctico y están llenas de críticas contra los personajes de su época

y las costumbres y actitudes políticas de la sociedad.

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