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La verdadera historia del Ratón Pérez

Cuento_raton_perez_1Por Victoria Restrepo

Esta historia comenzó en el fondo del mar, dónde habitan las más extrañas criaturas, donde los peces parecen plantas y las plantas aparentan ser animales. Es allí, en aquel lugar encantado donde vivía una ostra.

Esta ostra como todas las demás ostras, se pasaba los días y las noches trabajando en construir una perla. Ella quería que fuera la perla más hermosa, más brillante y más blanca que nadie hubiera visto jamás.

Una mañana cualquiera, cuando la ostra se despertó, se dio cuenta de que su perla ¡había desaparecido! Después de buscarla infructuosamente, su amigo el pulpo la halló llorando.

-¿Por qué lloras? –le preguntó

-He perdido mi perla y no puedo hallarla –respondió la ostra

-Voy a ayudarte –prometió el pulpo

Cuento_raton_perez_2

El pulpo subió a la superficie y entre la espuma de las olas halló a su
amiga tortuga, ésta a su vez, encontró a su amigo el ratón, que se
hallaba tomando el sol en la playa. Así uno tras otro, se
comprometieron en ayudar a su amiga ostra.

-¿Cómo es una perla? Preguntó el ratón cuyo apellido era Pérez.

-Es blanca, pequeña, dura y brillante -respondió la tortuga.

El ratón buscó y rebuscó entre la arena hasta que encontró una moneda
de plata blanca, dura y brillante, pero era muy grande… Luego
encontró un botón blanco y brillante pero no era tan duro, ya que pudo
romperlo con sus dientes. Más tarde encontró una piedra, que era blanca
y dura, pero no era brillante.

Muy triste volvió a su casa, sin saber como ayudar a la ostra.

El Ratón Pérez vivía en un agujerito en la habitación de un niño y para
animarse un poco decidió pasearse entre los juguetes, mientras el niño
dormía.

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De repente encontró lo que buscaba: sobre la almohada del niño había un
dientecito que el niño había perdido unas horas antes, era ¡blanco,
duro, pequeño y brillante! El ratoncito lo tomó entre sus manos y lo
miró maravillado, pero no quería llevárselo sin dejar nada a cambio.

Buscó entre sus bolsillos y encontró la moneda de plata que había
hallado en la playa unas horas antes y la dejó allí… a cambio de su
tesoro.

El ratón corrió a la playa y le dio el diente a la tortuga, la tortuga
al pulpo, y el pulpo a la ostra. La ostra se sintió feliz, lo cubrió
con su concha y finalmente pudo dormir tranquila.

Desde entonces Ratón Pérez recorre las habitaciones de los niños
recogiendo dientecitos y los lleva a la playa donde las tortugas los
reciben. Ellas se los dan a los pulpos, quienes a su vez se los dan a
las ostras que han perdido sus perlas.

Claro que a todos nos asalta una pregunta  ¿quién se está robando las perlas de las ostras? y ¿dónde consigue el Ratón Pérez tantas monedas para dar a los niños?

Hemos escuchado de muy buena fuente, que Doña Ratona Pérez tiene una tienda donde vende unos hermosos collares de perlas… y quien se encarga de guardar el dinero de la tienda en el banco es su esposo el ¡Ratón Pérez!

FIN

Video de Ratón Pérez

Leyendas sobre los dientes de leche

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