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Cómo tranquilizar a mi bebé cuando no para de llorar

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Una de las grandes angustias de todos los nuevos padres es tranquilizar el bebé cuando llora sin descanso.

Todos los bebés son diferentes y algunos lloran más que otros. Cuando el bebé llora incansablemente y el pediatra nos ha asegurado que todo está bien, muchas veces nos sentimos completamente impotentes para tranquilizarlo.

Casi todas las técnicas para calmar un bebé incluyen al menos una de esta 4 técnicas:

  • Movimientos rítmicos
  • Sonidos suaves
  • Contacto físico y caricias
  • Mirar algo interesante

Las tres primeras son una forma de recrear el ambiente del útero antes
de nacer y cada una individualmente o una combinación entre ellas,
proveen diferentes formas de tranquilizar al bebé. No existe una sola
formula mágica y lo que funciona un día, puede no funcionar al día
siguiente.

Arrullar y mecer el bebé es una tradición de siglos, y aunque los
pediatras del mediados del siglo XX crearon una generación de niños que
“no” debían permanecer en brazos, esta tradición ha llegado en buena
parte hasta nuestros días.

Actualmente existen muchísimos estudios que confirman lo contrario. Los
niños que pasan más tiempo cargados, lloran menos. Las civilizaciones
antiguas, los grupos indígenas y muchísimas culturas actuales
acostumbran a llevar sus niños atados o suspendidos al cuerpo de la
madre.

Estos bebés rara vez lloran pues todas sus necesidades se
resuelven fácilmente, su alimento está siempre listo y a la temperatura
adecuada, no desarrollan casi gases y si lo hacen, al estar en posición
vertical, se deshacen de ellos fácilmente, además las madres sienten
cuando el niño está casado, húmedo o incómodo y si el bebé quiere
dormir, allí puede hacerlo sin problema.

Hay niños que son más tranquilos que otros y que dan un descanso a sus
fatigados padres, pero hay otros que no tienen consuelo. Para estos
bebés ir cargados en un porta bebé, es cuestión de supervivencia para
sus padres.

El sonido de la voz, el rítmico movimiento de sus padres en sus labores
cotidianas, su familiar olor, la temperatura regulada, el sentirse
abrazados y protegidos hacen que los niños se tranquilicen.

El miedo a que sea un niño resabiado y no quiera bajarse de los brazos
de sus padres, es absurdo, cada etapa del desarrollo cumple una función
y el deseo de desplazarse, gatear y caminar no se detiene, aunque haya
pasado horas en brazos de sus padres.

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