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La resistencia a los antibióticos

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Los antibióticos son drogas que combaten las infecciones causadas por las bacterias. Desde su descubrimiento en 1927 han transformado la medicina y salvado millones de vidas. Sin embargo, su empleo ha generado un nuevo problema: la resistencia a los antibióticos.

La resistencia a los antibióticos es la capacidad que tienen las bacterias y otros microorganismos de resistir los efectos de los antibióticos.  Esto ocurre cuando las bacterias se transforman reduciendo o eliminando la efectividad de drogas, químicos y otros agentes diseñados para curar o prevenir las infecciones. En este caso, las bacterias sobreviven y siguen multiplicándose, ocasionando más daño.

La resistencia a los antibióticos es uno de los mayores problemas de salud pública a nivel mundial. En la actualidad, prácticamente todos los tipos de bacterias se han vuelto más fuertes y responden menos a los tratamientos con antibióticos.  Las bacterias resistentes a los antibióticos se pueden diseminar rápidamente entre otros miembros de la familia y compañeros de clase o de oficina, convirtiéndose en una enfermedad contagiosa más peligrosa para la comunidad, más difícil de curar y más costosa de tratar.

Este es, además, un problema que causa mayor sufrimiento a los niños y a los adultos que padecen infecciones comunes, y que normalmente se podían tratar con antibióticos. Hay que aclarar que son los microbios los que se vuelven resistentes y no las personas. Si el microbio se vuelve resistente a muchas medicinas, entonces se vuelve muy difícil y, eventualmente, imposible tratar las infecciones que él causa. En este escenario, las infecciones pasan de persona a persona, y es cada vez más difícil combatirlas.

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La principal causa de la resistencia a los antibióticos es el empleo continuado e inapropiado de antibióticos. Es importante tener presente que los antibióticos pueden emplearse para combatir infecciones de origen bacterial, pero no son efectivos contra infecciones de origen viral, como el resfriado común, la mayoría de los dolores en la garganta y la influenza.  Por esta razón, para controlar la diseminación de la resistencia a los antibióticos resulta vital hacer un uso adecuado de los antibióticos.

Es muy importante comprender este concepto: los antibióticos son útiles para combatir las infecciones de origen bacterial, pero no las de origen viral, como la gripa, la tos o la influenza.

  • Antes de consumir un antibiótico pregunte a su médico si esa es la medicina adecuada para combatir la enfermedad que tiene.
  • No utilice antibióticos para infecciones virales como la gripa o la influenza.
  • No guarde una parte del antibiótico que está utilizando para la próxima vez que se sienta enfermo.  Descarte cualquier medicina que sobre cuando usted haya completado el tratamiento prescrito por su médico.
  • Tome el antibiótico exactamente de la forma en que le fue prescrito por su médico. No salte las dosis.  Culmine el tratamiento que le han recetado aunque se sienta mejor.  Si el tratamiento se suspende muy pronto, algunas bacterias podrían sobrevivir y atacarlo con mayor fuerza.
  • No tome los antibióticos que han sido prescritos para otra persona.  Tomar la medicina equivocada puede conducir a un retraso en el tratamiento correcto y puede facilitar la reproducción de las bacterias.
  • Si su médico ha diagnosticado que usted no tiene una infección bacterial, pregúntele por alternativas para combatir los síntomas de su enfermedad, pero no lo presione para que le recete antibióticos.

Información adicional: CDC

Imágenes cortesía de stock.xchng

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