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¿Quién debe preparar la cena familiar?

phcomer_familiaComer en familia es una costumbre que desaparece rápidamente de nuestra sociedad. Ya no hay tiempo de sentarse juntos en la mesa, cada uno de los miembros de la familia, sin importar su edad, está tan ocupado, que es imposible sincronizar los apretados horarios. Además, si lo hicieran… !no hay nada en la mesa para comer!

Existen muchos estudios que indican que los adolescentes que comen en familia tienen 3 veces menos posibilidades de usar drogas, presentan menos obesidad y obtienen mejores resultados escolares.

La comida en familia era una costumbre ancestral y casi ha casi desaparecido en unas cuantas décadas. Los motivos son muchos: ambos padres trabajan, los adolescentes llevan una vida social más activa, los pequeños ven más tele y las mujeres ya no quieren cocinar.

Las madres tradicionalmente se han encargado de la cocina y pero con el rápido cambio de roles, con la sobre carga de trabajo que afronta la mujer fuera del hogar y la lucha por tener iguales derechos, la cocina ha pasado al último lugar de las prioridades.

Cocinar es a veces un oficio ingrato, requiere organización, conocimiento, preparación, limpieza… y unas pocas horas más tarde el ciclo se repite, sin interrupción, día tras día.

La queja muy válida de las mujeres es ¿por qué yo? Cada vez escuchamos más: yo no voy a cocinar, si él (marido, novio, compañero) tiene hambre, que se cocine a sí mismo.

A mi tío, quien tiene 85 años, le era "prohibido" entrar a la cocina. Su condición masculina lo excluía completamente de este territorio. Para los hombres de las generaciones siguientes aunque no era tan explícita la restricción, cocinar, era algo que no se discutía siquiera, este era un oficio netamente femenino.

Estos ciclos son difíciles de romper y mientras tanto la salud y la familia entran en franca decaída. Cada uno come comidas preparadas o enlatadas y los pequeños se ven abocados a la pizza, la pasta y la comida congelada.

En nuestra familia hemos logrado comer juntos por lo menos cinco días de la semana, a pesar de que nuestros hijos tienen edades muy variadas, desde 7 hasta 22. Entre horarios de clases, deportes, universidad y trabajo, tratamos de mantener ese fuerte lazo que nos une a toda costa.

Desafortunadamente no hay una formula mágica y la comida no aparece caliente y deliciosa en la mesa. El problema hay que afrontarlo y si sólo miramos el lado negativo de la situación, nunca encontraremos una solución adecuada.

Para mi, es un reto diario que trato de asumir como un problema personal: me gusta comer bien y saludable y la solución está en mi cocina. Me gusta ver la cara de satisfacción de mis hijos y mi esposo cuando estamos todos en la mesa. Quiero que ellos también lleven una dieta saludable y trato de involucrarlos en la cocina y de crearles la conciencia de que deben ser responsables de su salud. Si ellos aprecian la comida casera, deben también aprender a prepararla, independientemente de su sexo.

Si lo asumimos netamente como la batalla de los sexos, todos salimos perdiendo. Es más saludable involucrar a nuestro hijos varones en la cocina y hacer concientes a nuestras hijas mujeres de las delicias de una buena comida, que batallar diariamente con el complejo de cenicienta.

Compartir y discutir el menú, hacer las compras en familia, permitir a nuestros hijos escoger la frutas y verduras, ayudarles a condimentar, mezclar y saborear da mejores resultados que ir en contra de una batalla perdida.

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