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¿Cómo prevenir las rabietas de los niños?

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Prácticamente todos los niños hacen rabietas durante algún periodo, normalmente cuando tienen entre uno y tres años de edad. Esta situación puede ser un verdadero tormento para los padres, pero es necesario comprender que es algo normal en el desarrollo de los niños. 

Usualmente, las rabietas son la forma en que ellos expresan sentimientos como la frustración, el enojo o la ansiedad.

Los niños pueden hacer rabietas por una infinidad de causas: porque no entienden algo o porque otros no entienden lo que ellos quieren decir o hacer; porque no saben cómo expresar sus emociones o sentimientos; porque pueden estar enfermos, con hambre o cansados; porque los perturba algo en el medio ambiente; porque pueden estar celosos; o porque se sienten frustrados al no tener las destrezas para hacer lo que quisieran hacer.

Todos los berrinches y rabietas de tu niño no se pueden prevenir, pero
las siguientes recomendaciones pueden ser útiles para reducir la
probabilidad de que haga una:

Identifica los factores o situaciones que desencadenan con mayor frecuencia las rabietas en tu niño.

Enseña a tu niño a expresar sus sentimientos y emociones. Es más fácil
de manejar la situación si tu niño es capaz de decir, por ejemplo,
“estoy triste” o “estoy molesto”.

Evita poner a tu niño en situaciones que de antemano sabes que lo
pueden hacer sentir frustrado, como las actividades muy exigentes para
su edad o situaciones de competencia con niños mayores.

Si estás fuera de casa, recuerda llevar siempre algo de comer y beber para cuando tu niño sienta hambre.

Asegúrate que tu niño recibe suficiente descanso antes de un día agitado o una actividad exigente.

Si debes llevar a tu niño a una situación en la que debe esperar o
estar inactivo por mucho tiempo, llévale libros o juegos para que pueda
ocupar el tiempo.

Si percibes que tu niño está madurando un berrinche trata de cambiarle
la actividad que esté haciendo o  trata de fijar su atención en un
asunto diferente. Muchas veces, puede ser suficiente con llevarlo de la
mano a dar un paseo, preguntarle si tiene hambre o sed o identificar si
está cansado.

Trata de ceñirte a una rutina diaria con tu niño; eso les da seguridad.

Permítele a tu niño tomar decisiones siempre que sea posible.  Aún
cuando sepas de antemano que se trata de una situación que no le gusta
a tu niño, ofrécele alternativas que él pueda escoger. Por ejemplo, si
ya es hora de ir a la cama y él no quiere dormirse todavía, puedes
decirle: “es hora de ir a la cama. ¿Prefieres leer el cuento A o el
cuento B”.

Fuente: Academia Americana de Pediatría

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