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Cuándo los niños no pueden dormir

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Se habla muchísimo del sueño en los bebés, de cómo ayudarles y
regularles su sueño, pero cuando pasan los años, algunos niños siguen
teniendo problemas para dormirse o para conciliar el sueño nuevamente,
si se despiertan a media noche.

El insomnio en los niños muchas veces se ha asociado a la falta de
disciplina de los padres que permiten que los niños no duerman dentro
de un horario fijo.

Estudios hechos con gemelos idénticos han demostrado que ellos siguen
patrones de sueño muy similares, lo que indicaría que sí hay un
componente genético en la forma y en el número de horas que los niños
duermen.

De todas maneras no se puede desconocer que el medio ambiente juega un papel primordial en el descanso de los niños.

Hasta hace unas décadas, los niños no contaban con mucho entretenimiento nocturno, leer a la luz de una vela después de varias horas de oscuridad debía ser un potente somnífero, además de una vida mucho más activa.

En la actualidad niños y jóvenes se ven expuestos a tal cantidad de estímulos en las horas de la noche, que es difícil desprenderse de ellos para dormirse.
En primer lugar la luz artificial alargó la jornada diurna hace ya más de 100 años, luego llegó la televisión, la que al principio era solamente para adultos, pero que rápidamente se convirtió en la entretención principal de muchísimos niños.

Actualmente las horas frente a la pantalla se han multiplicado y para los niños y adolescentes, el Internet, Facebook, los mensajes de texto y los vídeo juegos, son ahora fuente inagotable de diversión, de los cuales es muy difícil separarse para ir a dormir.

La falta de actividad física y de “cansar” el cuerpo es otra de las causas para que los niños y jóvenes les cueste ir a la cama.

Aunque muchos padres desesperados por el insomnio de sus hijos acuden a darles droga para regularles el sueño, existen muchas alternativas para ensayar antes de utilizar medicinas que pueden llegar a ser adictivas y prestarse para abusos.

Dicen los especialistas del sueño, que los niños deben establecer una rutina en la que puedan dormir un determinado número de horas, incluso durante los fines de semana.
Es muy difícil para el organismo adaptarse a que durante el fin de semana se va a la cama a las 2 o 3 de la mañana y se levanta a las 3 de la tarde y los otros cinco días debe acostarse a las 9 de la noche. Mantener un horario es indispensable para conciliar el sueño.

El ejercicio es un factor importante, aunque éste debe realizarse durante el día y no justo a la hora de ir a la cama, ya que el cuerpo le cuesta relajarse rápidamente después de un ejercicio fuerte.

La cama debe usarse sólo para dormir. Si el niño se pasa horas echado en la cama viendo televisión, jugando con su computadora personal o con los vídeo juegos, le costará asociar su cama con el lugar donde debe conciliar el sueño.

Practicar algún tipo de relajación antes de ir a la cama, sirve para tranquilizar el cuerpo y el espíritu.

No usar ninguna pantalla al menos 90 minutos antes de acostarse. Crear una rutina de tomar un baño caliente, y leer un libro en la cama con la luz principal apagada, ayudará a crear un ambiente donde el sueño pueda llegar más fácilmente.

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