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El miedo, un enemigo de la tranquilidad de nuestros hijos

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Muchas veces nos sentimos confundidos cuando nuestros niños se sienten aterrorizados por situaciones de la vida diaria y no sabemos como ayudarlos.

El miedo es un sentimiento que en su justa medida ayuda a nuestra supervivencia. No tener miedo lleva a los niños a ponerse en riesgo en situaciones peligrosas, como jugar con fuego, acercarse al vacío en un lugar alto, no usar protección al montar en bicicleta, etc.

Pero el miedo desmesurado, cuando no hay nada que realmente esté amenazando al niño puede convertirse en un problema tanto para los niños como para los padres. En la infancia hay algunos miedos que son comunes a muchos niños y que luego van desapareciendo con el paso del tiempo.

El principal miedo que padecen la gran mayoría de los niños, es el de
separarse de sus padres o de las personas que los cuidan. La sensación
de sentirse desprotegidos y vulnerables es un sentimiento real y está
ahí para su protección.

Es importante que el niño confíe en sus padres
y sepa que ellos le proporcionan seguridad. A medida que el crezca,
podrá apreciar que también su maestra, los abuelos u otros adultos,
se preocupan por él y pueden brindarle la misma seguridad que
siente en casa.

¿Pero qué sucede cuando nuestro pequeño se muestra asustado ante los
ruidos fuertes, las luces brillantes, las hormigas, los perros, los
globos de las fiestas de cumpleaños, etc?
Cómo padres puede ser difícil de entender y de convivir con éste tipo
de situaciones, sin embargo, necesitamos armarnos de paciencia y tratar
de entender y ayudar a nuestros pequeños.

En general todos los niños tienen sus propios miedos, y para algunos,
estos parecen tener más fuerza, o expresarse con más intensidad que
para otros. Además, los miedos cambian de una etapa a otra. Lo que hace
unas semanas, era motivo de recelo, ahora ya parece no molestarlo, pero
situaciones que antes no lo molestaban, ahora pueden ser motivo de
angustia.

¿Cómo ayudarlo?


  • La regla número uno, es la paciencia.

Asumir con tranquilidad, sin presiones y sin hacer un problema de ésta
etapa pasajera, serán la clave para no caer en un círculo vicioso que
empeore la situación.
No se burle de los miedos del niño, ni permita que otras personas lo hagan.
El ridículo no hace que el miedo disminuya. Para ellos es algo real, y las burlas sólo lograrán que el niño pierda la confianza.

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  • No exponga al niño a vivir situaciones que le produzcan miedo.
    Si él tiene miedo a las luces brillantes y los ruidos fuertes, no lo
    lleve a un espectáculos de fuegos pirotécnicos. Exponerlo al miedo, no
    hará que éste se reduzca. Acostúmbrelo en casa a escuchar música suave,
    a un volumen que él pueda manejar. Préstele una linterna para que
    juegue con ella o permítale tocar las luces del árbol de navidad.

  • No ignore o minimice su miedo.

Decirle que eso no tiene importancia y que no hay que tenerle miedo, no
sirve para disipar los temores del niño. Forzarlo a que acaricie un
perro cuando él está aterrorizado, no hará que el niño deje de temerle
a los perros. Trate de que entre en contacto con animalitos más
pequeños, como un pájaro o un hámster dentro de su jaula, o dele un
paseo por el zoológico para que disfrute de los animales en un ambiente
donde el no se sienta amenazado.

  • No el mienta

Es importante que el niño pueda confiar en usted. Si le dan miedo las
fiestas de cumpleaños porque teme los globos. No le prometa que no
habrá globos en la fiesta, con la esperanza de que al llegar se olvide
de su miedo. El necesita saber que usted no lo engaña.


  • Prepárelo para cuando deba pasar por una situación que no se puede evitar.

Si su niño tiene miedo a la cita médica o a las inyecciones, usted no
puede evitar llevarlo al médico si está enfermo o ponerle las vacunas,
pero si puede prepararlo para afrontar la situación. Prepárele un
pequeño kit médico para que juegue con sus muñecas o con su oso de
peluche.


  • Refuércelo

Reafírmelo cuando usted sepa que él ha logrado vencer alguno de sus miedos. Si él
se siente orgulloso, es posible que él mismo quiera enfrentar otras
situaciones con más confianza.

Fotografías de Victoria Restrepo ©

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