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En la era de las comunicaciones ser “tele-padres” no funciona

Tele_padres

El cambio en las telecomunicaciones ha sido tan rápido en las últimas dos décadas, que no dejamos de asombrarnos.

Anoche, mientras muestro hijo de 7 años “jugaba” a través del skype con su prima de 6, quien vive al otro lado del continente, mi esposo y yo comentábamos lo increíble que era escucharlos a ambos reírse y compartir. Con cámara y micrófono jugaron por más de una hora sin interrupción, como si estuvieran uno frente al otro.

Lamentablemente esta misma realidad hace que muchos padres se hayan ido convirtiendo en “tele-padres” y sólo entran en contacto con sus hijos a través del teléfono móvil, el mensaje de texto, etc.

Estas comunicaciones reducidas donde simplemente se dan permisos, se averigua dónde está el hijo y cuales son sus planes para las próximas horas, dan la falsa seguridad de que todo esta bajo control.

La confianza que nos ofrecen las comunicaciones de hoy, hace que nuestros hijos vayan convirtiéndose en extraños y lastimosamente, en muchos casos, sólo cuando se prende una alerta real, puede ser ya muy difícil, abrir nuevamente los canales de la relación directa.

Cada vez, desde más jóvenes los niños demandan un móvil, como señal de estatus, o porque los demás niños ya lo tienen… y no es que está en contra de que ellos tengan acceso a la tecnología, ni mucho menos, pero lo que puedo ver a diario, al escuchar a mis hijos mayores y a sus amigos, es cómo las comunicaciones de muchos niños con sus padres se limitan únicamente a este medio.

El poder abrazar, acariciar, mirar a los ojos, estar allí para ellos, no puede reemplazarlo ninguna tecnología.

Muchos padres para controlar que sus hijos no les mientan, tienen hoy acceso vía Internet a ubicar en un mapa, dónde están sus hijos, o a través de cámaras colocadas en sus autos, vigilar si cumplen las normas del tránsito, si están tomando licor o con quienes viajan… y ¿qué pasó con la confianza?

La confianza y la certeza de que nuestros hijos no nos mienten y la fe que ellos tienen en nosotros como consejeros y padres, no se crea a través de un móvil. Es un proceso que es lento y difícil, pero que requiere la presencia física y el acompañamiento diario de los niños, desde la cuna, hasta que ya como adultos, podamos sentir que las riendas de sus vidas, les pertenecen por completo.

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