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La importancia de permanecer cerca de nuestros hijos

Autobus
Cuando nuestros hijos nacen, su demanda por
nuestro tiempo es tan grande y urgente que no podemos despegarnos de su lado ni
unos minutos. Nuestros bebés nacen programados para que los adultos los
encontremos fascinantes y aún en medio del cansancio, podemos pasar las noches
sin dormir y sonreír fascinados al mirar sus plácidas caritas mientras ellos sí
duermen.

Pero ¿qué pasa cuando los años empiezan a
correr, cuando sus necesidades no son tan apremiantes y ellos empiezan a tener
sus propios amigos, a dormir y jugar en su propia habitación, a pasar la noche
donde su mejor amigo?

Nos sentimos orgullosos de verlos crecer y
ganar independencia, pero también corremos el peligro de alejarnos demasiado.

Nuestra sociedad hace un énfasis grandísimo
sobre la importancia de reforzar la independencia en los niños y muchas veces hace sentir mal a los padres que tratan de preservar la cercanía con sus hijos.

Mis_hijas
Lo que tal vez no podemos ver a largo
plazo, es que las relaciones con nuestros hijos dependen de la cercanía y de
los momentos que compartamos con ellos en el día a día. Cuando se llega la
adolescencia, ellos son los que van a pedir su independencia a gritos y sino
estamos ligados a ellos por unos lazos muy fuertes, para ese momento, ellos no
querrán estar cerca de nosotros.

Cada día cuando acompaño a mi hijo de 6
años a tomar el autobús escolar, veo a muchos padres, que en medio del frío y
la nieve, o del calor del verano, están allí con sus hijos día tras día, antes
de empezar su jornada laboral.

Especialmente me ha llamado la atención una
familia, con su hija de 11 años. Su padre la acompaña cada mañana y espera allí
a su lado hasta que ella se va. En la tarde, su madre viene con la hermanita de
unos pocos meses, y la esperan a que regrese de la escuela.

He escuchado muchas veces comentarios sobre
¿por qué si la niña está grande, (es casi de la estatura de la madre) todavía
la acompañan a tomar el autobús? La razón, muy seguramente, es porque quieren
estar cerca de ella.

Cuando los niños ya no piden nuestra
compañía, es cuando más cerca debemos estar de ellos. Los años de la
adolescencia son muy difíciles, los niños reciben mucha presión de sus
compañeros.

Sus ansias de mimetizarse con el grupo son muy fuertes y el lazo
que los ata a sus padres, es el único que puede darles la fuerza para pedir
ayuda cuando la necesitan. Es lo que
les permite a ellos llorar en brazos de su madre cuando han roto con su primer
novio, o pedir ayuda a su padre cuando la presión sobre el consumo del alcohol
o las drogas se hace muy fuerte.

Hoy, mi esposo y yo miramos con
orgullo, como nuestros hijos mayores, ya adultos jóvenes, cruzaron los años de
la adolescencia a nuestro lado. Todos los años de desvelos, de dedicación, de
luchar por permanecer juntos, dan sus frutos con una cercanía maravillosa.

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