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¿Padres o amigos?

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Hasta hace unas décadas la educación de los niños se basaba en unos padres autoritarios que exigían respeto y obediencia sin lugar a ninguna discusión. Las expresiones de cariño eran mínimas y los pediatras y especialistas en educación eran supremamente rígidos.

Desde que el bebé nacía debía adaptarse a unos horarios para su alimentación, sueño, y hasta para regular los esfínteres. La lactancia desapareció casi por completo ya que el biberón podía medirse, contabilizarse y darse las dosis adecuadas.

Afortunadamente, después llegaron otras generaciones que trataron de
romper éstos rígidos esquemas y abrirse a un contacto más centrado en
las necesidades y la cercanía del bebé con sus padres.

Cuando comencé a criar a mis hijos, tuve la fortuna de poder
disfrutarlos al máximo, abrazarlos, cargarlos y arrullarlos hasta la
saciedad. Amamantarlos hasta que por común acuerdo dejamos de hacerlo.
No tuve que golpearlos, ni exigirles respeto, porque el mayor respeto
nace del amor. Pude crecer como madre y aprender de ellos, como ellos
de mi.

Madrehijas

Hace unos días recibí un mensaje por Internet, de esas cadenas que
pasan de buzón en buzón, en el que se abogaba nuevamente por el
autoritarismo, el respeto y las “nalgadas”, como forma de educar a los
hijos, para evitar que ellos se vuelvan dependientes e inútiles. Los
padres “no deben ser amigos de sus hijos, deben ser padres”. Es
elemental hacer valer su autoridad sin miedo.

Yo creo que es importante saber que se entiende por amigo y que se
entiende por padre. Pero si “amigo” es aquella persona que siempre está
a tu lado, en las buenas y en las malas, es leal, puedes confiar en él,
es confidente, está listo a ayudarte, etc. ¿Por qué no pueden los
padres, además de ser padres y cumplir sus responsabilidades como
tales, también ser amigos de sus hijos?

Cuando estamos empezando la crianza debemos basarnos en nuestra propia
experiencia, en nuestros sueños y en el ensayo y error. Deseamos lo
mejor para nuestros hijos y hacemos a conciencia el mejor esfuerzo,
pero ¿dará resultado?

Al pasar los años y cuando mis hijos mayores ya son casi adultos, puedo
disfrutar ahora de su cercanía, su ternura y su “amistad”.

Estar cerca de ellos, permitirles que puedan confiar en nosotros, que
no tienen que mentirnos para evitar el castigo, que nuestra autoridad
es una guía que nace de la experiencia y de nuestro amor y no un
instrumento rígido que no escucha; nos permite no sólo disfrutar de
ellos más plenamente cuando son niños, sino también crear unos lazos
que perduren en el tiempo.

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