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“Yo no puedo”

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Una frase que pesa tanto sobre los adultos como sobre los niños, pero cuando se trata de nuestros hijos, a veces nos sentimos impotentes al escucharla y vemos que ella se levanta como una pared que les cierra oportunidades.

Muchas veces los escuchamos decir: ¿para qué voy a hacer eso si yo sé que no puedo? Esta actitud de resignación no es buena para ellos y debemos promover el optimismo como una forma de vivir, enfrentar los retos, tener mejor salud y por supuesto vencer los obstáculos.

De acuerdo un estudio hecho por el Doctor Michael Séller de la

Universidad de Carnegie Mellon, las personas optimistas viven más,

tienen vidas más felices, son más saludables, se desempeñan mejor en

sus estudios y su vida deportiva y creen que su esfuerzo será

recompensado.

Aunque se sabe que la tendencia de algunas personas hacia la

depresión y el pesimismo tiene un componente genético, también es

cierto que el mirar el lado bueno de la vida es una actitud que puede

ser aprendida.

Practica en tu vida diaria el optimismo:

Si tu hijo te oye todo el tiempo expresar ideas negativas acerca de ti mismo o de la vida diaria, él creerá que lograr cambios positivos, conseguir metas o sentirse seguro de sí mismo, son situaciones inalcanzables.

Busca ocasiones para expresar ideas positivas:

Coméntale a tu hijo sobre un reto que tengas y lo importante que es para ti, trata de reforzar la confianza que sientes de que una reunión o una presentación que tendrás, presenta un desafío del cual saldrás adelante.
Crea una frase que puedas repetirla para que tu hijo aprenda a darse confianza:
Piensa en una frase creativa o divertida que pueda usarse cuando las cosas se pongan difíciles y que le recuerde a tu hijo que tienen un pacto secreto que les brinda fuerzas cuando más las necesitan.

Toma riesgos con optimismo:

No tienen que ser grandes riesgos, atrévete a cocinar algo nuevo a probar una comida de otra cultura, trata de jugar o participar en un deporte que nunca hayas ensayado y saca una enseñanza positiva de la experiencia.

Ayúdale a encontrar experiencias enriquecedoras aún en los fracasos:
Cuando tu hijo falle en un examen, trata de buscar la causa por la cual no tuvo buenas notas, tal vez no comprendió las preguntas o necesita estudiar más, pero nunca porque es inepto, porque es imposible que le salgan las cosas bien o porque la mala suerte siempre lo persigue.

Refuerza su progreso, más que sus metas:

Los optimistas creen que su progreso los hace mejores, trata de que tu hijo se trace un camino, más que una meta. Si él siente que puede ir avanzando paso a paso y puede reconocer su avance, su camino será más fácil y la sentirá menos inalcanzable.

Construye habilidades paso a paso:

Ayuda a tu hijo a practicar destrezas que le ayuden a realizar empresas mayores, busca pasos intermedios que estén a la altura de sus capacidades. Si quiere clavarse del trampolín en la piscina, primero debe aprender a nadar, si quiere nadar, antes debe aprender a soplar burbujas debajo del agua…

Reconoce los logros cuando sucedan:

Es más fácil para la mayoría de nosotros ver lo que anda mal, que lo que ha salido bien. Buscar los logros y resáltalos de una forma constante crea el hábito de encontrarlos y sentirse bien acerca de ellos.

Antes de ir a la cama discute con tu hijo tres cosas buenas que hayan sucedido durante el día y trata de anticipar tres situaciones positivas para el día siguiente.

Los optimistas dedican una acción persistente para cambiar la sociedad de una forma positiva. Nosotros, al estimular a nuestros hijos a descubrir el mundo con una actitud confiada, les estamos dando la llave para vivir una vida mejor y más plena.

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